Ceremonia de la confusión

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David Torres

 

El sábado consulté la prensa para informarme del embrollo de Podemos en Vistalegre y cuando empezaba a aclararme un poco, me di cuenta de que llevaba media hora leyendo sobre el Congreso Nacional del PP. Andaba tan despistado que confundía a Irene Montero con Andrea Levy y a Echenique con Mariano. Feijóo alababa al líder supremo con una pintura oceánica: “¿Habéis visto la imagen de Rajoy mientras hablaba? Él miraba al Atlántico y el mar golpeaba una roca. Rajoy es la roca”. Leí al azar en una entrevista: “Para proteger la dignidad de mi organización, no voy a responder”, y pensé que era una cita literal de Rato cuando el juez le interrogó sobre si se había hecho las ingles brasileñas a las dos de la mañana. En realidad, era la respuesta de Pablo Iglesias a una pregunta indiscreta de un periodista sobre si Errejón le había pedido un reparto de poder.

La confusión tenía sus motivos, claro está. En Podemos llevaban la semana entera debatiendo amablemente entre zancadillas, puñaladas traperas, agresiones verbales y artículos de doble filo. El martes el filósofo Carlos Fernández Liria publicaba en Cuartopoder un artículo incendiario (Abrazos, pero sin mentiras) donde arremetía contra el equipo de nuevos consejeros que rodea a Pablo Iglesias, es decir, Rafael Mayoral, Irene Montero, Juanma del Olmo, Fran Casamayor y Marco Candela, que tiene un apellido de lo más simbólico. El miércoles, en este mismo medio digital, el profesor Vincenc Navarro mostraba su apoyo incondicional a Pablo Iglesias. El jueves, en la misma entrevista en El País, Iglesias decía que el artículo de Liria le producía asco. A todo esto, Juan Carlos Monedero, en una entrevista en La Brújula, en Onda Cero, comentaba que para comprender el ansia de poder en ciertos sectores del partido no había más que ver cómo visten ahora algunos.

Mientras tanto, el PP iniciaba su Congreso Nacional en una atmósfera de paz y tranquilidad que recordaba un seminario new age de superación personal celebrado en los Alpes suizos. Efectivamente lo habían superado todo: disputas, disensiones internas, remordimientos y malos rollos. Y sobre todo habían superado el tema de la corrupción, contra la que han luchado sin tregua siguiendo las enseñanzas de los tres monos del budismo: no veas la corrupción, no oigas la corrupción, no hables de la corrupción. Ahí están Matas, Rato, Granado, Correa, Pérez y docenas de corruptos más; ahí están la Gürtel, la Púnica, la Taula y la Niña de los Peines; ahí están Bárcenas, la boda de la hija de Aznar y varias décadas de tesorería podrida hasta los cimientos; pero ellos ni la han visto, ni la han oído, ni han hablado de ella. En Génova todo es paz y amor. Más ciegos, más sordos, más mudos y más monos no pueden ser.

Mariano mantuvo mucho tiempo el suspense entre anunciar el finiquito de Cospedal en diferido o anunciarlo en forma de simulación. Al final se restauró el status quo y, para enmendarle la plana a Lampedusa, todo siguió igual para no cambiar ni una coma. Cuando la nueva política emplea los modos de la vieja política, y cuando la vieja política adopta los términos de la nueva política, dan ganas de llevar la transversalidad a sus últimas consecuencias y hacer un congreso conjunto de ambos partidos con una candidatura mixta. Como líder supremo podrían elegir a Pedro Sánchez, que acaba de estrenar una plataforma de apoyo en Baleares donde dicen que volverá a la senda de un socialismo “de izquierda, coherente y creíble”. Como si el PSOE hubiera estado allí alguna vez.

 

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