Capitán a una guardia civil: “Una mujer con falda quedaría muy bien en la misa del Pilar”

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La consolidación de las asociaciones de agentes en la Guardia Civil, así como el blindaje de su puesto de trabajo, están permitiendo que cada vez más mujeres guardias civiles se atrevan a dar un paso adelante y denunciar las situaciones de acoso laboral y sexual que se viven dentro del cuerpo. Sobre ello habla Manuela Inarejo, secretaria de la Mujer de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). “La llegada de la mujer a la Guardia Civil no fue una integración, sino un acople con calzador por imposición constitucional”, afirma.

Inarejo, hoy en situación de retiro, ingresó en la Guardia Civil en 1992 y estuvo en activo durante veinte años, “de los cuales los últimos fueron terroríficos, por mi doble condición de mujer y representante de AUGC. Para mí, el machismo podría quedar definido con la frase que me profirió el capitán de mi unidad: ‘He pensado que una mujer con falda quedaría muy bien en la misa del Pilar’, me dijo”.

¿Hay acoso en la Guardia Civil? “Según el Director General, no”, afirma Inarejo. Y añade que AUGC maneja otros datos. “Teniendo en cuenta que la Guardia Civil es un cuerpo militarizado, jerarquizado y absolutamente masculinizado, es imposible que no exista el acoso hacia las mujeres. Pero ante esto, lo más grave es la clara intención de la Guardia Civil de esconder los casos que se dan”.

En su opinión, “el protocolo, lejos de ser garantista, sólo sirve para camuflar los casos y que estos no salgan al exterior. Si a ello además le sumamos un Código Penal Militar, donde el acoso es sustituido por expresiones como abuso de autoridad o trato degradante a un inferior, pues vemos la inexistente intención de reconocer y hacer visible que hay acoso en la Guardia Civil”.

“Mi primer ‘careo’ con el machismo llegó en mi primer destino, en la Policía Judicial, donde me topé con un mando que en mí encontró todos los ingredientes para convertirme en su objetivo. Se refería a mí como ‘la Chochona’. Con la maternidad tuve la segunda ocasión de experimentar en primera persona el machismo de la Institución: se me obligó desde el Servicio Médico a llevar los partes de confirmación en mano cada quince días a 40 kilómetros de mi unidad. ¡Cuando mi baja era por embarazo de riesgo!”, recuerda.

“Finalmente llegó ya la situación determinante que me haría darme de baja: la llegada de un capitán que manifestaba su machismo hacia mí con frases tales como ‘he pensado que para el Pilar quedaría bien una mujer con falda’, a lo que le contesté: ‘Llevo años sin vestirme de uniforme el Día del Pilar y sólo lo hice en una ocasión y fue por petición de mi marido’. Su respuesta fue: ‘En vez de tantas instancias lo que tendría que hacer es irse a su casa a fregar los platos’. Mi historia tiene demasiadas repeticiones en mujeres guardias civiles sin que el Cuerpo haga nada para averiguar qué está ocurriendo”.

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